– El Arte Paleotítico en la Región Cantábrica

 

Las pinturas y grabados de las cuevas de la Región Cantábrica son la muestra más directa del pensamiento de aquellos antiguos pobladores del Paleolítico medio-superior (65.000-9.000 a.C.) y constituyen el aspecto más sobresaliente del pasado prehistórico. El arte desplegado en la región aúna algunos rasgos específicos que evidencian su vinculación con el de otras áreas geográficas europeas.

 
 
Historia de la investigación

 


Desde la segunda mitad del siglo XIX los estudios geológicos se preocupan del análisis de los depósitos de sedimento que contenían huesos y piedras trabajados por humanos más antiguos. A pesar de que en aquellos años todavía no había una conciencia plena de la importancia y antigüedad de los hallazgos, puede decirse que es a partir de este momento cuando la Antropología física y la Prehistoria empiezan a definirse como nuevas ramas de conocimiento. Los trabajos de C. Darwin vienen a ser un claro exponente de este nuevo proceso.

En este ambiente se desarrollan excavaciones en la vecina Francia, pero no fue hasta 1876 cuando Marcelino Sanz de Sautuola produce un nuevo rumbo en el ámbito cantábrico. Desde ese año hasta 1879, en que se descubren las pinturas de Altamira, venía trabajando en la excavación de su depósito.

Sautuola estudió, publicó y dio a conocer las pinturas, dando inicio a una discusión acalorada en el ámbito científico, en torno a la autenticidad prehistórica de las figuras. A pesar de contar con el apoyo de algunos investigadores, la mayor parte de la comunidad científica pensaba que Altamira era una falsificación moderna. Pero con el tiempo y gracias a los nuevos hallazgos que vinieron sucediéndose en Francia, una vez fallecido Sautuola, motivó que uno de los mayores defensores de que Altamira era falsa, E. Cartailhac, reconociera en 1902, la autenticidad de la misma. Incluso ese mismo año visitó por primera vez la cueva para iniciar el estudio de las pinturas junto a Henri Breuil.


A partir de aquí, y aceptada la capacidad estética y simbólica de los primeros Homo sapiens, se produce un rumbo nuevo en la investigación. Por un lado Hermilio Alcalde del Río y Lorenzo Sierra llevaron a cabo diversas prospecciones, descubriendo nuevos conjuntos rupestres como El Castillo, Hornos de la Peña, Covalanas, Salitre o Santián, entre otros. Hasta tal punto los descubrimientos eran importantes que el príncipe Alberto I de Mónaco fue mecenas de estos primeros estudios.

Desde principios del siglo XX hasta la actualidad se han ido produciendo nuevos hallazgos hasta completar las más de 70 cuevas con arte rupestre paleolítico descubiertas en Cantabria y los casi 130 en la Región Cantábrica. Nombres como La Pasiega, Las Monedas, Las Chimeneas, La Garma o Urdiales en Cantabria, Tito Bustillo, Llonín, El Buxu, La Lluera, La Covaciella o El Bosque en Asturias, y Santimamiñe, Ekain o Altxerri en el País Vasco se han ido sumando progresivamente.

El descubrimiento de nuevos conjuntos y su estudio responden a una dinámica condicionada por diferentes acontecimientos. Las Guerras Mundiales y la Guerra Civil fueron momentos de ralentización de los trabajos. Por el contrario, en los últimas treinta años los estudios y descubrimientos han sido intensos, hasta tal punto que en la actualidad se vive una época de fuerte dinamismo científico.


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Distribución Geográfica

 

La distribución geográfica de los centros con arte rupestre es esencialmente paralela a la de los sitios de habitación. De hecho, muchas de las cuevas decoradas tienen depósito en la boca, aunque existen algunas excepciones como Covalanas, Monedas o Chimeneas, entre otras que carecen de ocupación. Los principales rasgos en cuanto a la distribución de las cavidades decoradas en el Paleolítico superior son:

– Mayor densidad en la banda costera, en cuevas y abrigos situados tanto sobre los ríos como en los interfluvios, especialmente en el sector central de la región.

– Mayor grado de concentración sobre las riberas en los valles medios (ríos Nalón, Cares-Deva, Nansa, Besaya y Pas) y, especialmente, en algunos puntos estratégicos de comunicación entre distintas zonas interiores como por ejemplo los desfiladeros del río Carranza y del Calera en la zona de Ramales.

De Oeste-Este de la Cornisa Cantábrica se aprecian diferencias que tienen que ver con la prospección realizada, entre otros factores. La impresión es que en el oriente se han localizado los conjuntos más espectaculares, pero no las cuevas con manchas y restos desvanecidos de figuras en negro o rojo, unos pocos grabados, etc, que representan una importante proporción del registro artístico del centro y occidente regional.


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Tipos de Yacimientos

 

En lo referido a las clases de conjuntos rupestres, todo lo que se conoce está en el interior de las cuevas y en algunos pocos abrigos, a veces, asociados al área de ocupación. En este centenar de sitios rupestres cabe establecer una diferenciación entre grandes conjuntos, que muestran decoraciones de distintos momentos del Paleolítico superior, y el resto de los conjuntos (menores), con manifestaciones sincrónicas o no excesivamente alejadas en el tiempo. Además de la diversidad estilística y técnica de los grandes conjuntos presentan por lo general un número muy superior de representaciones, en comparación a los conjuntos menores.

Otro aspecto común a estos yacimientos más complejos radica en la situación frecuente de los paneles aparentemente principales en lugares de cierto aforo y relativa visibilidad. Ahí se han realizado grandes composiciones pensadas para la colectividad, con mensajes codificados y entendibles; y son los espacios en donde se han ido añadiendo nuevas composiciones, a menudo superpuestas. Al menos ésta es la impresión que surge ante el muro de los grabados de Peña Candamo, el gran panel de Llonín, el sector X de Tito Bustillo, el llamado panel de los polícromos de El Castillo, las zonas anteriores -o más cercanas a la entrada- de las galerías B y C de La Pasiega, o de la Galería inferior de La Garma, y, con más matices, el fondo del vestíbulo de Altamira y el gran muro decorado de El Pindal.

En todo caso, es claro que algunos centros más restringidos cronológicamente presentan también grandes composiciones parietales en lugares relativamente amplios. Es el caso, en el arte arcaico (anterior al 15000 a.C.), de algunos de los conjuntos de grabados exteriores como La Viña, La Lluera, Chufín, o también, de los pintados en rojo de El Pendo, La Pasiega A, Covalanas…, y durante el Magdaleniense (entre 15.000 y 9.000 a.C.), el gran lienzo de caballos de Ekain, algunas zonas de Altxerri, el camarín de Santimamiñe o la rigurosa composición del fondo de Covaciella.

La distribución de las decoraciones por las cavidades cantábricas es muy amplia, afectando desde la misma entrada al fondo de la misma. La cueva de La Cullalvera, con series de puntos a 1.224 m de la entrada, sigue siendo el lugar más alejado.

Tiende a diferenciarse “yacimientos exteriores” o conjuntos rupestres realizados a la luz del día, en zonas de hábitat iluminadas. Entre ellos, las cuevas y abrigos con series de grabados profundos. En las últimas décadas se ha documentado una alta concentración de esta clase de sitios en el valle medio del río Nalón, con una cronología muy antigua (desde el Auriñaciense al Solutrense medio -entre 36.000 y 16.000 a.C.- según las vinculaciones establecidas con las secuencias estratigráficas, especialmente del abrigo de La Viña). A tal serie corresponden La Lluera I y II, La Viña, Molín (al lado de Entrefoces), Santo Adriano, Torneiros, El Conde, Las Mestas, Godulfo, Los Murciélagos, y ya en Cantabria, los conjuntos de grabados exteriores de Chufín y de Hornos de La Peña, así como el de Venta de la Perra, en Vizcaya. En estos ámbitos exteriores no solo se realizaron grabados, sino pinturas, como se ha podido comprobar en alguna ocasión (La Viña). Incluso, en algunas cuevas cantábricas se han conservado conjuntos pintados que debieron estar originalmente iluminados por la luz de día, también en zonas vinculadas a los hábitats (como La Fuente del Salín, La Haza, La Pasiega B y C).

En el interior oscuro de las cuevas las manifestaciones conservadas son mucho más abundantes. Su distribución es algo distinta. En algunos de los grandes centros rupestres recurrentes de la región (Pasiega B y C, Galería inferior de la Garma) se observa una fuerte diferencia entre los paneles asociados al yacimiento de habitación -en zonas iluminadas o en las primeras áreas prácticamente oscuras- y los del interior de la cueva. En éstas, por lo general encontramos lienzos más puntuales y acotados, con un número variable de representaciones, mientras que en los hábitats o en sus inmediaciones, las representaciones desbordan los paneles o lienzos naturales de límites físicos relativamente definidos, especialmente en cronología Magdaleniense (entre 15.000 y 9.000 a.C.).


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Los Temas

 

Los animales representados reflejan la fauna existente en la región cantábrica durante el paleolítico superior aunque no en una proporción directa. Esto es, ni se representaron proporcionalmente las poblaciones animales existentes en el territorio, ni las que eran cazadas.

Se trata esencialmente de figuras de caballos, ciervas, bisontes, uros, ciervos y cabras. A bastante distancia se agrega una larga lista de especies, entre ellas animales típicos del Pleistoceno como el mamut, el reno, el megaceros, u otros más estables como osos, rebecos, carnívoros (lobo, zorro, además de hiena y león…) y distintas clases de peces (salmónidos y pleuronectiformes esencialmente). Son dudosas las representaciones aducidas de jabalí, rinoceronte, antílope saiga y gamo.

Es, por lo tanto, una fauna de carácter europeo o subboreal, más atemperada que la representada en regiones vecinas más septentrionales, frías y continentales, y a su vez, con notables diferencias en su composición respecto a la de otras zonas de la península Ibérica (más polarizada en uros, ciervos, caballos y cabras, y sin apenas figuras de animales como el bisonte, el reno y el mamut).

Algunos rasgos de la distribución de animales representados, como la gran abundancia de ciervas, son en parte independientes de las peculiaridades del territorio. Frente al gran dominio de las figuras de cierva sobre las de ciervo (con astas) en la región cantábrica, otros territorios muestran frecuencias más equilibradas, e incluso cierto dominio de los machos. Dado que la proporción entre machos y hembras debió ser similar en todas las áreas, concluiremos que se da aquí, durante casi todo el Paleolítico superior, una reiteración del tema “cierva” de carácter ideológico o estilístico.

gran_covalanas_009Se advierten tanto variaciones temporales en la distribución de temas animales a lo largo del Paleolítico superior, como algunas diferencias espaciales sincrónicas. Desde el primer punto de vista, los conjuntos estilísticamente más arcaicos (esencialmente premagdalenienses -anterior al 15.000 a.C.-) se constituyen con ciervas, caballos y uros, con pocos bisontes, y además, algunas cabras y rebecos, mamut, oso y poco más. Los conjuntos de estilo magdaleniense -entre 15.000 y 9.000 a.C.- muestran un fuerte incremento de bisontes frente al uro, minoritario ahora, y una mayor diversificación faunística, con incrementos de las cabras y el rebeco, reno, peces, etc. Las ciervas por su parte son aún muy abundantes en las fases antiguas del Magdaleniense -entre 15.000 y 12.500 a.C.-, pero parecen caer estrepitosamente a partir de los momentos centrales de ese periodo, al tiempo que se incrementan las figuras de cabras, renos, bisontes, peces etc.

Las representaciones humanas no son abundantes en la región. Destacan las figuras antropomorfas de Peña Candamo, Llonín, Tito Bustillo, Altamira, La Pasiega C y Hornos de la Peña, junto a otras menos conocidas de Arenaza, Linar, Pasiega B y C. Una categoría específica de las zonas centrales de la región son las llamadas “máscaras”: relieves naturales animados mediante la adición con pintura negra o roja de ojos, boca y nariz. A los ejemplares bien conocidos de Altamira y Castillo deben añadirse los de la Galería inferior de La Garma.

Por el contrario, y dentro de las representaciones antropomorfas, el tema de las manos en negativo es mucho más internacional y ubicuo. Los principales conjuntos de la región tienen en cualquier caso sus peculiaridades. Frente a las manos de conjuntos al norte y al sur de los Pirineos (Maltravieso en Cáceres, Fuente del Trucho en Huesca, o los clásicos de Tibiran y Gargas entre otros) se encuentran aquí manos completas e incompletas, con dedos flexionados o seccionados.

Las representaciones abstractas o signos repetidos con formas casi idénticas en distintos yacimientos, y por lo tanto con una significación común bien conocida por los paleolíticos, son muy frecuentes, donde incluso puede considerarse característico, la existencia de conjuntos rupestres constituidos sólo por estos signos, especialmente en Asturias (cuevas de Balmori, Tebellín, Mazaculos, Entrecueves, Herrería, etc.) pero también en Cantabria (La Meaza y Morro del Horidillo).

gran_pendo_045Junto a motivos recurrentes en amplias zonas geográficas y durante muy distintos periodos del Paleolítico superior (composiciones a base de líneas paralelas de puntos, digitaciones y trazos pareados, triángulos), aparecen signos propios de la región como los cuadriláteros y ovalados, los acolados y los claviformes clásicos (presentes en cuevas como Tebellín, Las Aguas, Altamira, La Pasiega B y C, probablemente El Castillo, y con más seguridad, la Galería inferior de La Garma). Otras clases relativamente características son los llamados laciformes, parrillas, etc. Las series de claviformes tardíos de cuevas como El Pindal y La Cullalvera son, finalmente, muy similares a los de un buen número de cuevas de la región del Ariège, en el Pirineo francés, especialmente Fontanet y Niaux.

Es de interés constatar que buena parte de los signos abstractos específicos de la región no se distribuyen aleatoriamente a lo largo de ella, sino que tienden a concentrarse en la zona central y, en menor medida, occidental. Los cuadriláteros, acolados y claviformes, se distribuyen entre las cuencas del Asón (Arco B y posiblemente en Pondra) y del Sella (Llonín y El Buxu) esencialmente. Desde la desembocadura del Sella (Tito Bustillo) hacia el occidente se conocen algunos signos relativamente similares (rectángulos, a veces asociados con cenefas de trazos), pero con caracteres un poco diferentes (Entrecueves, por ejemplo).

Ello sugiere que la distribución, aunque se apoya en un porcentaje ínfimo del arte parietal realmente realizado durante el Paleolítico superior, puede ser expresiva de las diferencias geográficas originales. De manera que estos signos cuadriláteros, acolados y claviformes clásicos serían especialmente característicos de los grupos asentados en la zona central del corredor cantábrico.


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Las Técnicas de Ejecución

 

Los procedimientos técnicos empleados en la región, como en el resto del arte paleolítico europeo, son muy simples pero extraordinariamente versátiles. Los paleolíticos dispusieron de conocimientos técnicos muy amplios desde los primeros momentos, y fueron eligiendo entre los diferentes procedimientos a lo largo del Paleolítico superior. A partir de una evaluación cronológica se aprecian algunas tendencias de cambio en el tiempo.

Pintado mediante soplado de una mano en negativoEn el arte arcaico (previo al 15.000 a.C.) son especialmente característicos los conjuntos de figuras en grabado profundo y simple de perfil, en algún caso en combinación con piqueteado. Acaso lo más abundante sean las pinturas en color rojo -ocasionalmente amarillo o violeta- aplicadas con una amplia variación de procedimientos. Uno muy característico es el trazo punteado o tamponado, a base de puntos más o menos separados o yuxtapuestos, que se aplica a animales y signos (en El Castillo y La Garma, al menos).

Esta fórmula, muy poco frecuente en otras regiones, da unidad a una amplia serie de sitios cantábricos situados esencialmente entre las cuencas de los ríos Pas y Nervión (conjuntos como los de Pasiega A y C, El Pendo, La Garma, Covalanas, La Haza, Pondra, Arco A y B y Arenaza), aunque ocasionalmente se rastrea más al occidente (afectando a cuevas como Llonín, Tito Bustillo e incluso Peña Candamo).

En la época Magdaleniense (entre 15.000 y 9.000 a.C.) se incrementa notablemente el uso del color negro, aunque muchas figuras animales y sobre todo signos siguen preparándose en la gama del rojo, o emplean ambos colores. Los grabados son extraordinariamente variados, pero destaca la multiplicación de trazos simples repetidos para el perfil, o los rellenos interiores a base de bandas de estriado, los raspados etc. Algunas combinaciones de motivos concretos y procedimientos técnicos son especialmente característicos.


Las cabezas de ciervas con bandas de estriado en el pecho y parte baja de la cara son uno de los motivos más repetidos en el arte del Magdaleniense inferior (entre 15.000 y 13.000 a.C.), apareciendo en gran número desde las cuevas de Llonín y Tito Bustillo en Asturias, hasta la de La Garma, en conjuntos como Altamira, Pasiega B y C, El Castillo y Emboscados. Ese mismo procedimiento técnico, aplicado a otros motivos, es muy frecuente en toda la región, desde los rebecos de Peña Candamo al ciervo de Alkerdi.


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La Cronología

 

Desde los inicios de la investigación varias han sido las propuestas que se han presentado para organizar el desarrollo crono-cultural del arte paleolítico. A pesar de existir algunas certezas, todavía siguen vigentes un mayor número de incertidumbres, principalmente referidas a las fases más antiguas. Básicamente se pueden diferencian tres etapas:

  • Lo más antiguo se produce, hace al menos 65.000 años, y se inicia en el Musteriense según indican las fechas obtenidas por Uranio torio en cuevas como La Pasiega, Maltravieso y Ardales, habiéndose asignado su autoría a las poblaciones de Neandertales que habitaban Europa en esos momentos. A continuación, durante el Auriñaciense, el Gravetiense e inicios del Solutrense (entre 40.000 y 17.000 a.C.) es la fase que algunos llaman primitiva, abundante en perfiles animales de cuerpo abultado, con marcada línea cérvico-dorsal y escasos detalles anatómicos en el interior.

  • Con posterioridad, se desarrolla una fase arcaica, durante el Solutrense e inicios del Magdaleniense (entre 17.000 y 14.000 a.C.), continuando los esquemas animales propios del periodo anterior, en actitud estática pero con detalles anatómicos diferenciados (que aluden al pelaje y crines enhiestas o sugieren volúmenes). A pesar de la diferenciación entre esta fase y la anterior, debe reconocerse que en muchos casos es muy difícil determinar la fase concreta a la que debe adscribirse un conjunto con arte parietal. En una u otra fase se realizaron conjuntos como Chufín, La Viña, Venta Laperra, Covalanas, Castillo, Pasiega, Chimeneas, La Garma, Altamira, Pendo, Fuente del Salín, Peña de Candamo, Tito Bustillo, Llonín, Arenaza, entre otros.

Por fin, el gran desarrollo de las fases clásica y tardía, del Magdaleniense inferior al final (del 14.000 al 9.000 a.C), supondrá el máximo en número de figuras (más del 75% de los conjuntos parietales que se conocen) y en riqueza expresiva. Se aluden ahora con detalle los caracteres definitorios de cada animal mediante múltiples convenciones, se desarrollan técnicas complejas (de combinación de tonos, de pinturas con grabados o de grabados con distinto tratamiento) para expresar volúmenes o coloraciones y aparecen, con movimiento y mucho realismo (figuras retrospicientes, caminando o saltando), algunas escenas (con temas pareados, en hilera, etc.). De estas fases son conjuntos como Altamira, Urdiales, El Castillo, las Monedas, Pindal, Tito Bustillo, Peña de Candamo, Ekain, Altxerri, La Garma, Hornos de la Peña, Santimamiñe, etc


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A Modo de Valoración

 

El arte cantábrico está plenamente integrado en el ciclo artístico paleolítico del SO de Europa, aunque con peculiaridades y diferencias internas, tanto espacial como cronológicamente. Desde una óptica muy amplia, se tiende a diferenciar un arte arcaico, con más rasgos específicos, de otro Magdaleniense con más evidentes puntos en común con el arte de áreas cercanas, más internacional e integrado.

En el primero de esos periodos el arte cantábrico muestra una fuerte personalidad diferenciada (es el momento de los conjuntos exteriores, de las figuras pintadas con trazo punteado en rojo y de casi todos los signos abstractos específicos del territorio). A pesar de tales caracteres, buena parte de las peculiaridades temáticas, técnicas y de distribución espacial de algunas de las series, por ejemplo de los grabados exteriores, son plenamente integrables con muchos de los rasgos definidos en el arte de Aquitania. Algunas de las representaciones documentadas más recientemente, como el mamut de Arco B o el megaceros de la Galería inferior de La Garma, serían perfectamente intercambiables con un buen número de figuras grabadas o pintadas en cuevas del centro y sur del país vecino.

gran_covalanas_004Entre, aproximadamente, el 16.000 y el 12.000 a.C, debieron acelerarse notablemente los cambios en materia artística. La época Magdaleniense se caracteriza por una mayor preocupación por la proporción, la perspectiva y la articulación interior de la figura animal. El arte de esta época parece partir de una situación muy tradicional, con plena vigencia de muy antiguas tradiciones regionales (es el momento de los últimos signos cuadriláteros, de los claviformes clásicos y de la proliferación de las ciervas grabadas con rellenos de bandas de trazos estriados), para pasar a un arte de bisontes y caballos extraordinariamente convencionales, renos y cabras. Aun así, la configuración cantábrica sigue mostrando algunos rasgos en gradiente, como los caballos con hipertrofia de nalgas (desde el Pirineo y País Vasco hasta La Garma, pero no más al occidente), o por el contrario, la relativa presencia aún de figuras de uro en el occidente (La Loja, Tito Bustillo, El Bosque, los grabados en Candamo…), frente a la casi exclusividad del bisonte en el mundo pirenaico.

La mayor integración de convenciones artísticas de la época Magdaleniense se aprecia también en el arte mobiliar, en muy superior medida que en las fases antiguas del Paleolítico superior, cuando las diferencias entre las diversas regiones europeas parecen más significativas. El arte magdaleniense es pues más internacional e integrado, pero también, paradójicamente, más diverso y algo menos normalizado que el arcaico.


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Cuevas