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Se sitúa en la localidad de Velo, término municipal de Piélagos. La cavidad, desarrollada sobre materiales aptienses del Cretácico inferior, se sitúa a unos 70 m.s.n.m y su boca está orientada al NW.
Su situación representa un modelo característico de las poblaciones del Paleolítico superior (36.000-9.000 a.C.), en el que los locales arqueológicos están cerca de cursos bajos y desembocaduras de ríos principales (en el caso concreto a unos 2 Km. del río Pas) y de la zona de estuario y línea actual de costa (en torno a 5,5 Km.).
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Se trata de una cavidad de una única galería de trazado sinuoso y cuyo desarrollo total alcanza los 225 m.
El tránsito por la cavidad es actualmente cómodo hasta la zona donde se encuentran las últimas pinturas (hacia la mitad del recorrido), con anchuras que varían entre los 2 y 5 m, existiendo algunos pasos más estrechos pero en ningún caso incómodos.
Durante el recorrido se observan potentes formaciones de calcita. Columnas, estalagtitas, estalagmitas y discos hacen de la visita un paseo por la historia geológica. |
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La cavidad fue descubierta hacia 1880 por Manuel Santián (o Santillán), recibiendo de este modo la denominación de su descubridor, quien la acondicionó para la visita debido a las estalactitas y otras formaciones geológicas similares. A pesar de su descubrimiento en fecha tan reciente su arte rupestre no se registró hasta años después, ya que la solicitud que hizo Manuel Santián a la Comisión Provincial de Monumentos en 1888 para que se fuera a estudiar la cueva no se concretó, probablemente por el fallecimiento en fechas cercanas de Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de Altamira.
La localización de materiales arqueológicos y manifestaciones gráficas, en 1905, se debe a H. Alcalde del Río. No se tiene un conocimiento preciso del potencial yacimiento que pudo haber, ya que las obras de acondicionamiento de la cavidad, realizadas desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, han impedido tener una percepción clara del tipo y momento de la ocupación humana de la cavidad, más allá de la ejecución gráfica. Los materiales descritos se concretan en un lote de conchas perforadas y unos pocos silex recogidos cerca de las primeras pinturas y en un rincón de la galería, huesos de osos y un cráneo humano recuperado en la zona de entrada cuya atribución, realizada por V. Andérez, es ambigua (Cromagnosense neandertaloide).
Las manifestaciones rupestres han sido objeto de dos estudios monográficos, separados en el tiempo 80 años: en 1911 H. Alcalde del Río, H. Breuil y L. Sierra dedican un capítulo específico en su obra Les cavernes de la Région Cantabrique, y a inicios de los años 90 del siglo pasado A. Moure Romanillo publica un artículo actualizando el dispositivo iconográfico y realizando una nueva propuesta gráfica y cronológica.
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La iconografía de la cavidad de Santián se distribuye en dos sectores. El primero de ellos está situado a unos 75 m. de la entrada, en la denominada Sala del Caballo que se corresponde con un pequeño ensanchamiento. En diferentes caras de una misma estalactita se pintaron dos formas en rojo. Una de ellas, parcialmente conservada debido a una fractura reciente de la formación, es un trazo vertical cuyo extremo superior se bifurca en tres líneas a modo de tridente. De la otra sólo se reconoce un eje vertical. Caracteriza a ambas, al igual que se observará posteriormente en algunas otras, un difuminado envolvente.
A la derecha de las dos figuras anteriores y sobre una pared muy concrecionada se dibujó una figura animal. Se trata de un motivo sintético: corresponde a una masa de color que describe un tronco alargado, dos extremidades traseras, al menos una extremidad delantera, un cuello largo y una cabeza. La disposición del animal recuerda a una posición de salto. En las extremidades posteriores se reconoce la ejecución mediante punteado.
El conjunto más numeroso de grafías, organizado en tres paneles, se localiza en una sala alargada situada a 125 m. de la entrada. El primer panel, situado al final de la pared izquierda según se accede a la sala, contiene dos puntuaciones rojas.
En la pared derecha de la sala el soporte dispone una superficie a modo de lienzo de más de 5 m. en el que se pintaron 15 motivos similares a los dos signos descritos en la Sala de Caballo. Son formas basadas en un esquema simple pero variado: todas ellas se componen de un eje central alargado y de disposición tendente a vertical cuyo extremo distal se resolvió mediante diferentes soluciones.
En unos casos el extremo distal constituye una prolongación no diferenciada del eje, en otros se trazaron líneas diferenciadas en disposición abierta que a veces recuerdan a forman de tridentes o a extremidades (a modo de palma) y, por último, dos de ellas presentan pequeños trazos en uno de los extremos del eje vertical a modo de formas dentadas. Estos raros motivos del corpus paleolítico se organizan en dos hileras de 10 y 5 motivos.
Frente al extremo izquierdo del panel se observa una forma de aspa pintada en rojo y una digitación roja. |
Las manifestaciones rupestres de Santián siempre han sido consideradas excepcionales en el corpus de arte paleolítico. H. Alcalde del Río y otros, que no tenían conocimiento de la figura zoomorfa, consideraban, a partir de argumentaciones etnográficas, que los signos de Santián eran esquematizaciones de manos humanas, extremidades de animales o armas (mazas, bumeranes y arpones).
Desde esas tempranas fechas de principios de siglo poco, o nada, se ha avanzado en el ámbito interpretativo, debiéndose reconocer en la actualidad que igual no son formas abstractas de un referente natural, sino signos en el sentido estricto de la palabra. La originalidad de este tipo de motivos reside en la casi total ausencia de referentes parietales similares en otros conjuntos.
H. Alcalde del Río, H. Breuil y L. Sierra las atribuyeron, no sin incertidumbre, a un momento antiguo del Auriñaciense (34.000-28.000 a.C.) y A. Moure Romanillo, sin dar tampoco por cerrada la definición cronológica, a una fase magdaleniense (15.000-9.000 a.C.), encontrando razones que apuntaría a un episodio medio o superior inicial. En la actualidad no existe consenso sobre la cronología de estos conjuntos, pero todo parece indicar que deben corresponder a un momento anterior al Estilo IV reciente o incluso anterior (cuanto menos Magdaleniense inferior -en torno al 14.000-13.000 a.C.-), si se consideran las superposiciones a estos signos de animales de trazo múltiple e interior estriado en Tito Bustillo y Llonín.
Siguiendo con estas formas, en el fondo esquemas tipológicos de barras, ramiformes o dentados, A. Moure las relacionó, desde un punto de vista cronológico y contextual con un ciclo o fase de fuerte actividad gráfica no figurativa que se extiende por el sector occidental de Cantabria y oriental de Asturias, incluyendo conjuntos como Pindal, Llonín, Trescalabres, Herrería, Mazaculos, Chufín, etc. Incluso se sobrepasa, ya con una densidad de conjuntos significativamente menor, ese límite oriental hasta la cuenca del Sella y Nalón con Tito Bustillo y Entrecueves.
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Alcalde del Río, H.; Breuil, L.; Sierra, L. (1911): Les Cavernes de la Région Cantabrique. A. Chené. Mónaco.
Andérez, V. (1954): El cráneo prehistórico de Santián. Estudio antropológico. Patronato de las cuevas prehistóricas de la Provincia de Santander. Santander.
González Sainz, C.; Cahco, R.; Fukazawa, T. (2003): Arte paleolítico en la Región Cantábrica. Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria - Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria. Santander.
Moure Romanillo, A. (1991-1992): “Documentación del arte rupestre cantábrico: la cueva de Santián (Piélagos, Cantabria)”. Zephyrvs XLIV-XLV, pp. 7-15.
Serna, M.; Valle, A.; Smith, P. (coord.) (2002): Las cuevas con arte paleolítico en Cantabria. ACDPS. Santander. |
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